Frase célebre de la semana:
Non ides durar neste empleo nin quince días. Paciente anónima mientras la aseábamos.
El primer día de prácticas creo que todas las enfermeritas lo recordamos igual. Acojonadas hasta los topes y rezando para que nuestras supervisoras sean majas y nos dejen hacer cositas. Gracias a Within Temptation me ha tocado un buen lugar con muy buena gente donde me paso la mañana trabajando.
Y menudo dolor de pies.
La hora del café es mejor que el maná.
Primer día
En cuanto entré por la puerta me asignaron a una enfermera, super Yoli, capaz de poner cinco heparinas en cinco segundos mientras purga sueros con los pies. Algún día mi lentitud mermará su paciencia. Super Yoli me dio el tensiómetro y me envió a unas habitaciones a tomar tensiones y pulsos.
El manguito manual.
Pero lo entiendo mejor que el digital.
Total, que como no tengo mucha maña en tomarle tensiones a encamados fui haciendo amigüitos. Los pacientes son un amor y rezuman adorabilidad. Todos muy majos y comprensivos conmigo ya que soy la nueva, y no solo eso, sino más torpe que un pato sin piernas.
Hicimos higienes, puse una insulina y cafetito.
Que por cierto, no se toman muy en serio eso de preservar la intimidad del paciente. Llegó un momento en el que éramos 7 PERSONAS aseando a una señora (bueno, cuatro aseaban, el resto miraban). Oímos mi compañera y yo decir a la pobre mujer: Menuda foliada estades montando aquí. Xa podo ir ben limpa.
Segundo día
Entrar en la unidad corriendo por llegar tarde no mejoró mi imagen para nada.
Plus, las ojeras me llegaban hasta los zuequitos.
Lo primero fue cargar sueros y poner medicación. Heparinas everywhere, aquí lo pasé genial. Los pacientes seguían majos, incluso uno al que le tomé la tensión, al decirle que disculpase mi torpeza, me dijo: Si fueras una vieja, todavía, pero como eres jovencita no pasa nada.
¡Señores que se parecen a Antonio Alcántara y que me tiran los tejos FTW!
Lo peor fue cuando entré a la habitación de una señora con dos drenajes en el vientre. Estoy en cirugía digestiva. Os imagináis lo que tienen los drenajes, ¿a que sí?
Entré. Di dos pasos. Los retrocedí. Cerré la puerta. Arcada en el pasillo.
Los olores fuertes a las ocho de la mañana no son santo de mi devoción. Justo por eso recordé "El silencio de los corderos" y compré vips vaporub para poner en la nariz. Todo me olerá a eucalipto y será fantástico. Eso sí, después ese frescor que deja en la nariz es muy malrollero, pero todo es mejor que vomitar los cereales.
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lunes, 18 de febrero de 2013
martes, 11 de diciembre de 2012
Teorías enfermeriles: La porculina
Nadie se ha atrevido nunca a hablar de ella, pero la porculina es una molécula que nos acosa día a día. Cuando nos encontramos en una situación estresante, sobre todo cuando tenemos delante de las napias a esa personita que nos hace vomitar bilis o estamos en una clase muy, muy, muy, MUY peñazo de nuestro Señor, nuestro hipotálamo empieza a segregar porculina, la cual empieza a inundar nuestros vasos sanguíneos.
Cuando nuestros niveles de porculina en sangre rebasan los niveles normales reventamos, metafóricamente, y aparecen los síntomas propios del cabreo convencional, sobre todo la lengua suelta, metafóricamente también, la cual suele articular palabras como "Vete a tomar porculo".
La porculina suele volver a límites normales después de salir de esa clase peñazo o de decirle cuatro cosas bien dichas a esa persona tan especial. Un exceso de secreción de porculina es lo que médicamente se le llama Malfolladismo, cuyos síntomas es estar siempre de mal humor y buscar fastidiar al prójimo. La cura para el malfolladismo suele ser una buena dosis de polla vía oral o rectal, tanto para hombres como para mujeres; para ellos es un tratamiento más agresivo pero no por ello menos eficaz. También un buen tratamiento es tomarse unos días libres.
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| Porculina vista en microscopio electrónico |
La porculina suele volver a límites normales después de salir de esa clase peñazo o de decirle cuatro cosas bien dichas a esa persona tan especial. Un exceso de secreción de porculina es lo que médicamente se le llama Malfolladismo, cuyos síntomas es estar siempre de mal humor y buscar fastidiar al prójimo. La cura para el malfolladismo suele ser una buena dosis de polla vía oral o rectal, tanto para hombres como para mujeres; para ellos es un tratamiento más agresivo pero no por ello menos eficaz. También un buen tratamiento es tomarse unos días libres.
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